Antes de determinar si nos conviene o no ser
libres y autónomos, debemos definir estas dos acepciones. La libertad, es la capacidad de
la conciencia para pensar y obrar según la propia voluntad, y la autonomía capacidad de una persona o cosa para ejercer independencia de otra
persona o cosa, pudiendo por ejemplo, tomar decisiones propias,
funcionar sin necesidad de otro aparato, entre otros.
A lo largo de los años, la libertad se ha
visto desde diferentes puntos de vista. En Grecia, era un concepto de entidad
jurídico-política, es decir, que era libre quien no era esclavo. Para Sócrates,
esta destruye la sociedad al empujarla a la anarquía. Más tarde, con el
cristianismo, durante la Edad Media, la idea de libertad servía como base y
justificación de las creencias y modos de vida irracionales, y se acabó
confundiéndose con el libre albedrío. En la Edad Moderna, se reformuló la idea
de libertad, hasta llegar a la concepción que se tiene hoy en día de este término.
Dentro del tema de la libertad, tenemos
que hacer alusión a la responsabilidad, ya que para ser libre también se ha de
ser responsable. La responsabilidad es el conocimiento previo de las
consecuencias de una acción. Esta permite dirigir nuestra conducta según sus
previsibles consecuencias, y nuestras acciones hacia los objetivos que nos
marquemos y así ser dueños de nosotros mismos, así convirtiéndonos en seres
autónomos.

Poco a poco, según vamos creciendo, vamos
adquiriendo cierta autonomía y vamos dejando atrás la dependencia a los demás.
Se cree que ser independiente y autónomo es mejor que ser heterónomo y depender
de otros, pero en cierta medida, una sociedad se basa en la interdependencia de
los miembros de esta sociedad, de modo que si todos fuésemos totalmente
autónomos se produciría un estado de anomia en la sociedad. ¿Y qué es el estado
de anomia?, anomia es la situación de un sociedad en la cual no existen valores
morales o normas jurídicas aceptadas por el conjunto de sus miembros, por eso
carece de los mecanismos básicos para un correcta cohesión. Esto, conduce a que
los ciudadanos no se ayuden mutuamente, así consiguiendo que se destruya la
sociedad.
En conclusión, nos conviene ser libres y
autónomos, pero en una cierta medida. Hay que ser autónomo para algunas
cuestiones como pueden ser pensar, estudiar o trabajar, pero para otras
cuestiones es necesaria la ayuda de otras personas, de tal modo que también nos
conviene ser en parte heterónomos.